La búsqueda del rostro de Cristo en la vida benedictina

1. El rostro de Cristo en la búsqueda de Dios.

Constituye un verdadero desafío escribir sobre la experiencia de Cristo que tuvo San Benito; como ésta se traduce en su Regla de vida, y cómo la vivimos nosotros, los sucesores del santo, más de mil quinientos años después. Al observar un monasterio, lo primero que nos llama la atención es constatar que está formado por un grupo de personas reunidas con un objetivo común, que están de acuerdo respecto al motivo que los reúne y valen por lo que buscan. San Benito , al escribir acerca de la admisión de los hermanos, antes que nada se preocupa de discernir 2si de veras busca a Dios”(RB 58,7).El patriarca da tres criterios para discernir la autenticidad de esta búsqueda : si pone todo su celo en la obra de Dios , en la obediencia y en las humillaciones” (RB 58,7).

En mi experiencia como maestro de novicios he aprendido a valorar otros criterios que ayudan a discernir la autenticidad del llamado: verdad, transparencia y apertura.

El que de veras busca el querer de Dios no pretende imponer su voluntad ; está abierto a que el Señor lo pueda querer en otro lugar ; no hay ocultamientos ni “verdades a medias”.

La apertura es fundamental, garantía de perseverancia que se manifiesta en no ocultar nada al que hace las veces de padre espiritual . Así se disipan todas las tentaciones.: “Pero si se trata de un pecado oculto del alma , lo manifestara solamente al abad o a los ancianos espirituales que son capaces de curar sus propias heridas y las ajenas , pero no descubrirlas ni publicarlas” ( RB 46,5).”Cuando sobrevengan al corazón los malos pensamientos ,estrellarlos inmediatamente contra Cristo y descubrirlos al anciano espiritual”/RB 4,50)(1).

La transparencia se discierne intuitivamente, pero se manifiesta en sencillez de vida, en manifestarse tal cual se es…

2. En el llamado y el misterio de Cristo.

“por sus frutos los conoceréis ”.Esta frase la aplico a San Benito y a su Regla :al leerla nos damos cuenta que su centro es Cristo; la experiencia de generaciones de monjes que han seguido este llamado lo confirma. La vida monástica sólo tiene sentido por Cristo ;en el monasterio todo lleva a Dios.

Los antiguos “padres del desierto”, solían repetir “persevera en tu celda y ella te lo enseñará todo”. Aplicando esta imagen a un contexto más amplio, llegamos a una verdad fruto de la experiencia de siglos : Dios , que tiene la iniciativa en nuestra vida, después de llamar sigue inspirando y dando las fuerzas necesarias para seguirlo.

Benito legisla basándose en su propia experiencia y en la de la vida monástica que le precede ; sabe que no podríamos buscar a Dios si El no nos buscara antes. Esto se traduce en la Santa Regla . El que se inicia en la vida benedictina, apartándose del mundo para vivir sólo para Dios, se va encontrando en profundidad consigo mismo, con el Señor y con los hermanos :proyectamos nuestra propia falta de paz, de aceptación de nosotros mismos, sobre los demás. Por eso el signo más auténtico de crecimiento es la reconciliación creciente con nosotros mismos y con nuestra comunidad.

Se puede representar nuestro género de vida como un viaje interior. Este no tiene nada de esotérico, ni de búsqueda de emociones espirituales ; las únicas experiencias auténticas son el amor y la búsqueda de la voluntad del Padre.

Dios no nos aparta de nuestra realidad , sino que la ilumina en profundidad. Guiado por la fe el monje sirve a Dios en todo lo que es y los que hace : el silencio lo abre al encuentro con Dios ; la separación del mundo, al vivirla bien, lo lleva a encontrarse con todos los hermanos empezando con los de su propia comunidad. Esta vida, iluminada por la fe, se traduce en su trato de los objetos materiales de la comunidad :”como vasos sagrados del altar”.

Reconoce a Cristo en el abad: “ El abad que es digno de regir un monasterio debe acordarse siempre del título que se le da y cumplir con sus propias obras el título de superior”. Porque , “en efecto , la fe nos dice que hace las veces de Cristo en el monasterio” ( RB 2,1-2).

El ideal de la vida benedictina es Cristo. Transformado por la caridad divina, el monje reconoce que el Señor resucitado está siempre presente en los hermanos. Al estar en paz con su propia pobreza y con sus límites irradiará, a semejanza de Cristo, paz y perdón :”Se tolerarán con suma paciencia sus debilidades tanto físicas como morales ( RB 72,5 ).

3. En los huéspedes y enfermos.

Benito nos muestra en su Regla como el Señor resucitado se hace presente en cada uno de los huéspedes que llegan a casa : “ A todos los huéspedes que se presenten en el monasterio ha de acogérselos como a Cristo, porque él lo dirá un día : “era peregrino y me hospedasteis “(RB 53,1).

Reconocer a Cristo en todos los que se acercan a nuestra hospederías no es siempre fácil Acoger con criterios de fe , sin hacer acepción de personas :Cristos muchas veces averiados, sufrientes , desorientados, desubicados. Algunos visitantes son naturalmente fáciles , delicados, agradecidos ; acogerlos a ellos no se hace difícil . En otros sí. En el trato con todos los visitantes que se acercan a nuestra comunidad se adquiere una confianza grande en Dios. El pone en nosotros la palabra oportuna, da paz, clarifica su voluntad, en una palabra se hace presente.

Más adelante agrega : “ Ante todo y por encima de todo lo demás , ha de cuidarse de los enfermos, de manera que se les sirva como a Cristo en persona, porque él mismo dijo : “Estuve enfermo y me visitasteis “ (RB 36,13).

4. La imitación de Cristo.

Los elementos principales de la imitación de Cristo son : la obediencia, el silencio , la humildad.

Respecto a la primera, ello implica asumir en su vida la obediencia de Cristo al Padre. En palabras de Barros Moraes, “la obediencia es una actitud que es gracia y fuerza en el Espíritu Santo y no sólo disposición psicológica . La obediencia se realiza en función de la palabra oída y hace al monje capaz de asumir en su vida la Palabra de Dios y tornarla real, viva y actuante. La obediencia del monje es la obediencia del que escucha la Palabra” (2).

Al obedecer al abad hacemos la voluntad de Dios ; va más allá de la eficacia : “ Porque la obediencia que se tributa a los superiores , al mismo Dios se tributa , como él mismo dijo :’EL que a vosotros escucha a mí me escucha’”.

Respecto al silencio , la Santa Regla establece : “ Siempre deben los monjes aplicarse al silencio “ (RB 42,1). El silencio no es un fin en si mismo, busca acoger a Otro; la Regla Benedictina se inicia con la palabra : Escucha.

El silencio exterior es fundamental pero no basta, es necesario el silencio interior. No podemos dejar de tener incesantemente pensamientos y más pensamientos , el silencio nos lleva a un difícil aprendizaje , vivir consigo mismo. Si no entramos en el propio misterio no entraremos en el de Dios.

En lo que se refiere a la humildad, según Ryeland es :”una actitud del alma , una disposición interior profunda y compleja por la cual el hombre se somete verdaderamente a Dios y al orden de las cosas establecido por él”.(3)

Reconcociéndose en su propia miseria, aceptándola en paz , acoge en el amor de Cristo a sus hermanos de comunidad y a todos los que tratan con él.

5. En el Oficio Divino y la Eucaristía.

Toda la vida del monje es obra de Dios , “Opus Dei “. Buscando la voluntad del Padre a semejanza de Cristo , impulsado por el Espíritu Santo, experimenta cómo todo lo lleva a Dios. El silencio - para acoger a otro- ; la separación del mundo - para estar más plenamente disponible para Él-; en la lectio divina se encuentra con Cristo en su Palabra ; por la obediencia lo reconoce en la persona del abad ; por la fe y el amor reconoce a Jesús resucitado en sus hermanos y en todos los que se acercan al monasterio : “ El obrar del monje tiene momentos fuertes en los que actualiza los misterios de Cristo, misterios de salvación y santificación : la liturgia , la Misa, el Oficio Divino , los sacramentos. EN esos momentos el monje entra en una relación más inmediata y directa con las energías santificadoras de Cristo, para llevarlas a su vivir y obrar cotidiano y para empapar todas sus acciones con la fuerza santificadora de Cristo bajo la acción del Espíritu Santo” (4 ).La Eucaristía diaria es el centro de la vida del benedictino: asocia su entrega al sacrificio de Cristo.

Durante las distintas horas del Oficio Divino , la comunidad se reúne para alabar a Dios ; realizando la alabanza del Verbo , éste es transformado poco a poco en la imagen del Hijo amado del Padre : “Creemos que Dios está presente en todo lugar y que los ojos del Señor están vigilando en todas partes a buenos y malos , pero debemos creerlo especialmente sin l a menor vacilación cuando estamos en el Oficio Divino” ( RB ) 19,1-2).

La imagen de Cristo para la vida benedictina se representa en mucísimas formas. Las que hemos citado son las principlaes. Queda a la historia de cada monje el ir develando estos rostros del Señor, hasta llegar a comparecer en su presencia y verlo cara a cara.